about CON CALMA

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about CON CALMA *

Durante mucho tiempo pensé que ser fuerte significaba poder con todo.

Aprendí muy pronto a sostenerme sola. Crecí con la sensación de que tenía que ser capaz, independiente y fuerte, y con una necesidad muy profunda de construir la estabilidad que siempre había sentido que faltaba en mi entorno.

Así que hice lo que mejor sabía hacer: avanzar.

Estudié, trabajé, entrené, me exigí y llené cada espacio vacío con algo que pudiera considerar “productivo”. Me costaba parar porque sentía que, si lo hacía, estaba desperdiciando mi tiempo. Quería llegar lejos. Quería construir una vida diferente. Quería demostrarme que podía.

Y durante mucho tiempo confundí avanzar con correr.

Hasta que mi cuerpo empezó a decirme que no podía seguir ese ritmo.

Llegué a un punto en el que estaba constantemente agotada. Vivía acelerada, saltaba de una cosa a otra sin dejarme apenas un minuto entre ellas y había aprendido a considerar normal un estado de tensión permanente.

Hasta que un día mi cuerpo puso el límite por mí.

Terminé en el hospital. Estaba tan cansada que no podía levantarme de la cama. Había dejado de comer porque prácticamente todo lo que ingería me sentaba mal y acababa vomitándolo.

Esperaba que me dieran una solución rápida.

Pero la doctora me dijo algo que cambió mi forma de ver las cosas:

Necesitaba cambiar mi vida.

Al principio me enfadé. Sabía que tenía razón, pero no sabía por dónde empezar.

Así que empecé por lo pequeño.

Dejé de fumar. Empecé a poner más atención en lo que comía. Y, casi por casualidad, terminé en un retiro de yoga en Ibiza.

Allí empecé a escucharme de verdad.

No fue una experiencia de paz inmediata. Al contrario.

En la práctica aparecía la incomodidad. El juicio. La comparación. El ego. Las ganas de abandonar. Todos esos pensamientos que normalmente podían pasar desapercibidos aparecían delante de mí.

Pero empecé a hacer algo diferente.

En lugar de escapar, empecé a quedarme.

A respirar.

A observar.

A dirigir mi atención hacia dentro.

Y descubrí que cuando dejaba de poner toda mi energía en lo que ocurría fuera, algo dentro de mí empezaba a cambiar.

El yoga dejó de ser ejercicio.

Se convirtió en una forma de aprender a relacionarme conmigo misma.

Empecé a comprender la conexión entre mis pensamientos, mis emociones, mi cuerpo y mis acciones. Descubrí que no siempre puedo elegir lo que aparece dentro de mí, pero sí puedo aprender a crear espacio antes de reaccionar.

Y, sobre todo, descubrí algo que cambió mi manera de vivir:

puedo elegir dónde pongo mi atención.

No puedo controlar todo lo que ocurre fuera de mí.

No puedo decidir lo que otras personas hacen.

No puedo evitar todos los momentos de incertidumbre, incomodidad o estrés.

Pero puedo aprender a volver a mí.

A respirar.

A escuchar lo que está pasando dentro.

A decidir qué merece mi energía.

Y desde ahí, responder de una manera diferente.

Esa fue una de las habilidades que tuve que aprender en mi propia vida.

Y de ahí nace Con Calma.

No quiero enseñar a las personas simplemente a estar tranquilas.

No quiero crear una práctica vacía centrada únicamente en el cuerpo, en alcanzar una postura o en conseguir una determinada apariencia.

Quiero acompañar a personas que viven con mucha energía y poco foco. Personas que trabajan, crean, persiguen objetivos y quieren construir una vida grande, pero sienten que viven constantemente hacia fuera.

Personas que quizá, como yo, han aprendido a sostener demasiado.

A través del yoga, la respiración, la meditación y la consciencia corporal, trabajamos para volver hacia dentro y recuperar una capacidad que siempre ha estado ahí:

la capacidad de dirigir nuestra atención y elegir cómo queremos responder.

Porque no siempre necesitas remar más fuerte.

A veces necesitas parar, respirar y preguntarte si estás remando en la dirección que realmente quieres.

Con Calma nació de esa necesidad.

Fue una de las skills que tuve que adquirir para aprender a vivir de una manera más consciente, más coherente y más mía.

Y ahora quiero compartirla contigo.

Porque quizá no necesitas cambiar quién eres.

Quizá necesitas volver a escucharte.

Y descubrir que, incluso en medio de la incertidumbre, siempre puedes empezar por algo:

volver a ti.